Las lecciones de una vida de 97 años

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Se trata de una iniciativa del Ayuntamiento que pretende recuperar una figura ancestral en las comunidades de Occidente. La primera cita, hoy a las 18.00 en el Espacio Pirineos, estará dedicada a la escuela. En ella participarán maestras ribagorzanas de varias generaciones, entre ellas, Pepita, nacida en Benabarre, aunque reside en Sardas (Sabiñánigo) con su hijo.

Tras acabar sus estudios, obtuvo una plaza en Marruecos, donde enseñó varios años. En plena Guerra Civil, regresó a su pueblo, bajo dominio republicano. «Daba las clases en la oficina del Registro de la Propiedad, que se habilitó para niños de 4 a 6 años», recuerda. «Les daba horror utilizar el inodoro y se negaron a usarlo, por eso solicité al comité (lo que ahora sería la alcaldía) que me enviasen orinales, y así lo hicieron, porque atendían muy bien las necesidades educativas y sanitarias».

Cuenta que lo primero que tenía que enseñar era la Internacional, «y yo me la sabía muy bien». Pero estuvo poco tiempo en Benabarre. Un día apareció en el periódico un anuncio referido a ella que decía: «Compañera Facerías, esperamos que mañana antes del mediodía estés en el Ayuntamiento de Estadilla para hacerte cargo de la educación de los niños del frente». Y ahí se presentó, después de hacer el viaje en mulo. «Cuando llegué estaba muy intrigada, pero enseguida sospeché quién era el responsable de mi designación». Se refiere al «hombre más izquierdista y temible del pueblo, que era amigo de mis hermanos». Rápidamente organizó la casa donde residirían los 40 niños a los que tenía que educar. Cuenta que solo había dos baños, así que se las tuvo que ingeniar para que todos pudieran asearse. «En un ensanche del pasillo puse dos tableros con seis agujeros cada uno, en los que iba una palangana con desagüe», explica. Pero «la proximidad de las tropas de Franco obligó a la evacuación precipitada de la colonia, hacia Barcelona y luego hacia Francia». Antes de marchar, Pepita quiso despedirse de su madre y su abuela, pero ya no tuvo tiempo de salir de Benabarre. Al terminar la contienda se reincorporó a su puesto en Marruecos. Destaca que en las clases «había judíos, musulmanes y cristianos, pero no había ningún problema entre ellos, y cuando yo terminaba mi clase, entraba el rabino».

Ahora es una abuela moderna, que domina el ordenador e Internet, y ha llegado a escribir un libro, sobre su hermano Cayetano, con el que se emociona al enseñarlo. «Soy la abuela más cuidada del mundo», dice con orgullo.

Fuente: Heraldo de Aragón. Laura Zamborain, Sabiñánigo.