Rosario Sánchez comparte con los grausinos el relato de su vida

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El acto se enmarcó en el ciclo "Ya puez contá…" en el que se había programado también para el pasado sábado por la tarde la primera sesión del Consejo de Sabios, que tuvo que posponerse debido a la indisposición de una de las participantes.

Pese a sus 82 años, la vitalidad y la pasión de Rosario Sánchez conmovieron al numeroso público congregado el pasado sábado por la noche en Espacio Pirineos. Su hija leyó, con el apoyo de imágenes de la vida de Rosario, los textos en los que la autora relataba los momentos más duros de su vida. Una vida que vio la luz en 1928 "Entre olivares", como se dio en llamar esta autobiografía, en un pueblecito de Jaén.

De forma sencilla, sentida y entrañable, Rosario repasa en sus textos una niñez marcada por el trabajo y la falta de recursos. "Con ocho años -recordó- nacieron mis dos hermanas gemelas y yo tuve que cuidarlas". En su adolescencia, al trabajo se sumó la Guerra Civil, años en los que "mi "mama" trabajaba como una burra y a mi "papa" lo quisieron fusilar" y "cuando acabó la guerra, la miseria que pasábamos".

Las penalidades económicas y la falta de recursos obligaron a su familia a dejar Jaén y trasladarse a Aragón. "Mis padres vendieron los pocos muebles que teníamos para venir de Jaén a Zaragoza y, una vez en la capital, vinieron andando de Zaragoza a Murillo, comiendo lo que encontraban en el camino. Mi marido vino con ellos y yo me quedé en Jaén porque acababa de dar a luz a mi primer hijo".

En ese tiempo, Rosario vivió uno de los momentos más duros de su vida. "El niño no paraba de llorar, el médico no me atendió porque no tenía dinero y murió al día siguiente. El primer giro que me mandó mi marido fue para comprarle la ropa de corto y el segundo, para enterrarlo con seis meses", contó entre lágrimas, mientras recordaba que el telegrama que le puso a su marido no le llegó hasta un mes después del trágico suceso.

Tras perder a su primer hijo, su marido fue a buscarla a Jaén y se reunieron con la familia en Murillo para seguir trabajando como carboneros en condiciones durísimas durante los años siguientes. "Fue una época muy dura, los hombres y yo llevábamos la leña al hombro por el monte hasta que encontrábamos un lugar llano y montábamos la carbonera. Había que cortar los troncos, taparlos, picar la tierra y enterrarlos, era muy duro, ni sé lo que hemos pasado, mucho, mucho".

UN CORAZÓN PARTIDO
Parte de su alma seguía sin embargo en Jaén, donde vivía parte de su familia, con quienes mantenía contacto epistolar. "Mi marido me leía las cartas, pero yo, que no pude ir a la escuela, quería aprender, por eso le compré la cartilla de su hijo a una señora de Seira, donde nos habíamos trasladado cuando se acabó lo del carbón". A su manera, como ella misma confiesa, fue capaz de comunicarse por carta con sus parientes, comenta satisfecha.

Ya afincada en Graus e inmersa en una depresión hace varios años, el médico le recomendó escribir su historia y así lo fue haciendo en unos cuadernos que su hija encontró hace algún tiempo. Estos relatos de la vida de Rosario, escritos por ella misma sin conocer las reglas de gramática y ortografía, constituyen esta autobiografía, tan desgarradora como conmovedora, que fue presentada el pasado sábado en Graus.

Fuente: Diario del AltoAragón. Elena Fortuño.