Exposición ‘Lugares idílicos’ de Rafael Romero, en la Sala 2.

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“Lugares Idílicos”. Pinturas de Rafael Romero.

Del 2 al 27 de noviembre en la Sala 2 de Espacio Pirineos.

Muchas son las nostalgias, los viajes al recuerdo que llegan a partir de nuestra madurez vital. La incertidumbre del futuro parece difuminarse para dejar paso a los amplios territorios del pasado. Hacia este pasado, mayoritariamente idealizado, nos dirigimos como dirían los clásicos en un Nostos, es decir, un volver cargado de dolor en cuanto a que aquello que fue, sabemos y constatamos, no volverá a ser.

Estos Viajes de retorno, idílicos y selectivos, pertenecen tal vez a mecanismos practicados por todos, ontológicos trayectos que cada uno decide individualmente. La más importante de mis nostalgias existenciales, la que más me pesa, es la nostalgia de plenitud y esta viene dada por sentirme, seguramente como todos nosotros, un ser incompleto, frágil, efímero, caduco e infeliz.

La creatividad se manifiesta en su amplio espectro de posibilidades como un territorio terapéutico hacia estas fragilidades, la más frágil: la finitud de la existencia, en grandes palabras LA MUERTE. Así, los Hombres hemos creado espacios de refugio en “papel maché”, escenografías de cartón-piedra, placebos, autoengaños sutiles como el Jardín de Gilgamesh, la Utopía de Thomas More, La Isla de la Inscripción Sacra de Evémerus, los mitos de Hesíodo o las puras y estrictas dimensiones platónicas.

Todas estas Arcadias, tierras de felicidad simplicidad y paz, son las aspiraciones humanes, la resolución teórica y conceptual de esta nostalgia magna que tanto me preocupa. Nada de todo esto es nuevo y de hecho yo solo he pintado mis particulares Arcadias, creo que ha sido una cuestión obsesiva, el único tema, este LOCUS AMOENUS, territorio de paz, de esperanza, paraísos ideales, lugares donde depositar el alma cansada, huidas ontológicas mediante Viajes que han de liberarme…Siempre he gestionado así mis preocupaciones existenciales, pintando, buscando la paz lejos de filosofías complejas, buscando una felicidad de la intimidad, de camino tal vez poético, nada más.

Con esta serie de pinturas, estos territorios imaginarios y a la vez idílicos, territorios del alma, vuelvo a la Ítaca de los orígenes, al encantamiento, a la idealización de lo ausente, a la enigmática distancia que separa el ayer del hoy.

Extraordinarias en definitivas posibilidades de creación, mundos ideales, sublimidades psíquicas que no son otra cosa que un gran No a un mundo intolerante pues este miedo a los límites se hace más intenso en un mundo insensible y cosificado, amenazado por el cambio climático, la terrible pandemia del Covid y la pérdida del sentido crítico.

Los habitantes de la utopía, los pobres pero dignos obreros de las emociones, nos sentimos verdaderamente solos ante tanta ignorancia, solos ante tanto refugio en el “Tener” que no en el “Ser”.
Por ello, libre de modos y tendencias, yo pinto heroicamente mis iconografías. Y lo hago en la más profunda soledad y silencio, luchando incansablemente contra un nuevo “mal de siglo” que mayoritariamente mira a los artistas y creadores culturales como extranjeros, fuera del sistema opresivo, peligrosos individuos cuestionadores del universo, locos que intentamos poner orden al caos.

Mis pinturas resultan un punto de encuentro extraño entre seres y objetos, encuentro en un mundo épico que parece simple pero que es profundamente complejo, refugio en el instinto, vuelta a casa, vuelta al “Ser”, al Ser pequeño y primigenio, al niño capaz de colorear el cielo de colores imposibles, a disfrutar intensamente dibujando con los dedos en los cristales de la ventana empañados por la lluvia.

Mis actores son símbolos, nada más.

Espíritus humanos con forma de pájaros que vuelan descubriendo infinitos misterios, pájaros huidos de los vínculos terrenales y que se dirigente hacia las soñadas praderas celestes de la trascendencia, tal vez las migraciones instintivas hacia la calidez del sur cuando en el Norte cae el frio glacial. La migración de la mística Sufí de la ignorancia hacia el conocimiento.

Ciudades. Ciudades-mundo, ciudades-universo, lugares en los que los Hombres y las maquines comparten esclavitud, esclavitud que se para cuando la Ciudad duerme, ciudades dormidas y lejanas del sufrimiento mientras duermen bajo la luna, que es madre universal, plenitud señora del cielo, poder femenino, símbolo de lo emocional, nacimiento, muerte y resurrección en sus ciclos.

Barcos Asociados a la idea del viaje, el viaje de tránsito, por todas las mares posibles, tal vez la navegación definitiva, el último viaje, el viaje de vuelta, el regreso a casa a Ítaca como Odiseo.

Y mis admirados Ichthys, peces, los tan espirituales peces de la mística cristiana oriental, los peces de Sant Abercio, nacidos en el agua, el agua regeneradora, los peces vitales, símbolos de la necesaria fuerza espiritual.

Y los gatos, que siempre han sido mis queridos compañeros de viaje, gatos totémicos, enigmáticos, observadores pasivos del universo, alienas presencias animales que, en el refugio de estas noches estrelladas de mis pinturas, bien podrían substituir a un hombre con vergüenza de participar en esta obra escénica, este ditirambo trágico…Un hombre que ha perdido autoridad moral, por tanto, en mis pinturas tiene a veces prohibida su presencia.

Nostalgias de una plenitud, paz y felicidad que tendrán que venir, dicen.
Digo yo: tendremos que trabajar incansablemente para ganarla.

 

Rafael Romero, Badalona (Barcelona), 1967.

Artista Plástico. Doctor “Cum Laude” en Bellas Artes.

Profesor de la Facultad de Bellas artes de la Universidad de Barcelona.

 

RAFAEL ROMERO desarrolla su Trabajo artístico en el ámbito de la pintura desde hace más de treinta años. Su obra ha sido mostrada hasta la actualidad en una sesentena de ocasiones individualmente y más de 150 colectivamente en Instituciones públicas y privadas nacionales e Internacionales. También ha participado en una veintena de ferias Internacionales de arte contemporáneo y galardonados en una veintena de ocasiones en diferentes premios artísticos. Rafael Romero es actualmente artista de las Galerías María Nieves Martín (Badajoz), Arbre Bleu d’ Essaouira (Marroc), La Cerverina d’Art (Cervera), Ismes de Vilanova i la Geltrú (Barcelona) y“In der Mühle”Schornbach (Alemania). Su obra se encuentra en diferentes colecciones y museos, destacando entre otros el Museo Marugame Hirai de arte Español Contemporáneo. Marugame. (Japón). El Museo de Arte Moderno de Tarragona. (Tarragona). El Museo del Dibujo Julio Gavín Castillo de Larrés. Larrés (Huesca). La Casa Museo de Miguel Hernández. Orihuela  (Alicante). El Museu del Càntir d’Argentona (Barcelona), La Colección Suñol d’Art Contemporani. El Museo Cortijo Miraflores. Marbella (Málaga), el Museo de Bellas Artes de Cartago (Tunis) el Museo Español del Grabado. Marbella (Málaga). El Museo Enric Monjo de Vilassar de Mar (Barcelona). El Museo Fueguino de Arte de Río Grande (Argentina), el Centre D’ Art Contemporani Can Castells de Sant Boi de Llobregat (Barcelona), El Museu d’Història de l’Inmigració de Catalunya (Sant Adrià de Besòs), El Museo del Mar de les Terres de l’Ebre de Sant Carles de la Ràpita (Tarragona). Y los museos Haegeumgang Theme y Fantapia de Corea del Sur.