Ganadores del Concurso de Periodismo Literario Antonio Angulo 2023

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El jurado ha decido otorgar el premio al relato EL ASESINATO PERFECTO ES EL OLVIDO. APUNTES CRIMINALES DE GRAUS, cuyo autor es Óscar Sipán Sanz de Huesca y en categoría juvenil el relato ganador ha sido DEJANDO HUELLA del autor Víctor Moreno Oller de Barcelona.

Más info del concurso: http://espaciopirineos.com/2022/12/07/concurso-de-periodismo-literario-antonio-angulo-2023/


Relato ganador en categoría adultos:

El asesinato perfecto es el olvido. Relatos criminales de Graus.

El rencor es más denso que la sangre y las historias, al negarlas, al tratar de ocultarlas, se convierten en terribles secretos. Secretos susurrados por nuestros parientes en las sobremesas invernales en torno a un café. Y sentimos fascinación por los secretos.

Decidí investigar las muertes violentas en los pueblos y villas de Huesca a comienzos del siglo XX para rescatar esos secretos enquistados que se arrastraban como fantasmas. Creo que, sinceramente, para avanzar como sociedad debemos hablar de nuestros asesinos y de nuestros asesinados. Como en una escena del salvaje oeste, donde los Comanches entierran a un colono hasta el cuello, en mitad del desierto, para dejarle morir de hambre y sed o para que lo devoren las hormigas y  las alimañas, así ajustaban cuentas en el Alto Aragón a comienzos del siglo pasado. Una época brutal donde todo el mundo iba armado y donde se mataba y se moría por casi nada.

Al parecer, el término “asesino” proviene del árabe “ḥaššāšīn” cuyo significado se podría traducir como “adicto al cáñamo indio/hachís”; en las cruzadas se conocía como “asesinos” a una tribu árabe adicta a dicha sustancia. La primera vez que aparece escrita la palabra “asesinar” data del año 1259,  donde Mateo de París la recoge en su crónica medieval manuscrita e ilustrada “Chronica Majora”. Por su parte, los británicos defienden que fue William Shakespeare en su obra Macbeth (1605) el primero en usarla. Me interesa especialmente la etimología de la palabra “crimen”, que remonta sus raíces al verbo “cernere”, separar: separar lo verdadero de lo falso, el culpable del inocente.

Para arrojar luz a esta parte de nuestra historia, he tratado de enfrentarme a cuatro preguntas directas, crudas, aclaratorias: ¿Por qué matamos? ¿Cómo matamos? ¿Cómo nos matamos? y ¿A quién matamos?

¿Por qué matamos? En líneas generales, matamos por herencias, por desamor o por no soportar a los demás. Matamos por la propiedad de un hurón (Ayerbe, 1920, Severino Longarón Ferrer  mata a su convecino José Esporrín con una pistola Browing de dos disparos en cabeza y pecho, porque le adeudaba la parte proporcional de un hurón, asumiendo la pena de doce años y un día de prisión), por una manta heredada, por la lotería de Navidad (Ansó, 1934, José Aznares Gurria, de 29 años, carnicero, mata a Hermenegildo Ornat Ferrer porque se había burlado de él haciéndole creer que el número de la lotería con el que jugaba había sido agraciado con el octavo premio), por criticar partidas de guiñote o julepe, por leña o por levantar una perdiz en partidas de caza.

¿Cómo matamos? Principalmente, con pistola (Graus, 1908, Manuel Cañardo mata en las proximidades de la calle del Muro a Manuel Ariño y luego escapa, para entregarse a los dos días. O Mariano Terré Comas, alias Franchulet, que mata en 1923 a Antonio Ferraz a la salida de un café en Graus. Los dos se dedicaban a la venta de pieles y entre ambos existían resentimientos, un rencor antiguo que sólo se cura con la muerte. O Pablo Bardají Revarte, de 26 años, natural de Graus, que en 1918 mató de dos disparos en la frente a José Casanovas, de 36 años, natural de Montblach, empleado del Instituto Pedro Mota, de Reus), escopeta, cuchillo, azada, guadaña, piedra, garrote, veneno para ratas (Albelda, 1927, una familia sale de casa para presenciar el paso de la comitiva de una boda, dejando la puerta de casa entornada y el puchero de la comida en la lumbre. Al regresar, comen y empiezan a sentirse mal, falleciendo a las pocas horas una de las niñas, de cuatro años de edad. La guardia civil detiene a Tomás Bitriá Artasona, hijo, hermano, cuñado y tío de las víctimas. Lo hizo al no heredar una finca. Mandó pedir el veneno para ratas en una farmacia de Tamarite de Litera y por eso lo atraparon), hacha, navaja (Graus, 1934, Tomás Rafael Narváez, de 34 años, mata en una riña en el refugio de mendigos a Antonio Esjunas Baldellou, de 50 años) o con las manos desnudas.

¿Cómo nos matamos? El suicidio es uno de los temas tabú en nuestra sociedad. La última estadística de 2022 habla de once suicidios al día en España (ocho hombres y tres mujeres), la principal causa de mortalidad en determinadas franjas de edad. En estos años abundan los suicidios en pozos (como en 1913, donde encontraron, entre Santa Liestra y Graus, el cadáver del vecino de Alfajarín Francisco Rabedán y, tras la autopsia, se descubrió que había sido asesinado), arronjándose al tren (como el aparente suicidio, en 1929, de Emilio Cerezo Pérez, nacido en Graus, de 21 años, estudiante de la carrera eclesiástica en el seminario de Barbastro, cuyo cadáver apareció dentro de un túnel embestido por un tren, habiéndole desaparecido una importante cantidad de dinero), además de ingerir lejía o salfumán, arrojarse al canal, a un río o a una balsa, ahorcándose (como un vecino de Barbastro, que en 1927 se colgó en el propio cementerio), disparándose (como el labrador Hipólito Martínez, que, en 1920, se suicidó pegándose un tiro sobre la tumba de su esposa) o con dinamita (como en un caso de 1927, donde Francisco Valdemal, de 27 años, se quita la vida colocándose un cartucho de dinamita en la boca y prendiéndole fuego).

¿A quién matamos? A todo el mundo, pero principalmente a hermanos y padres, a alcaldes (Fraga, 1933, José Galindo Grau, de 40 años, carnicero, mata de dos disparos al alcalde de Fraga, Rosendo Serra Colomer, por obligar a poner candados en su carnicería, según normativa municipal, para evitar sacrificios ilegales. Le condenaron a 14 años y 8 meses de prisión) y concejales (Borau, 1910, Ponciano Pérez Bonís, de 48 años, mata a Agustín Deltiempo Rapún, concejal del ayuntamiento de Borau. Después de merendar, lo apuñala por diferencias de pensar. Lo empuja contra la pared y acaba con él. Cadena perpetua), guardas forestales y guardia civiles, a niños (el infanticidio es uno de los delitos más comunes; no hay semana que en ríos, pozos o acequias españolas no aparezca un bebé asesinado, a veces congelado en los tornos de las casas de amparo, en las puertas de los conventos o de los hospitales; si al siglo XIX le llaman la “pequeña edad del hielo”, la primera mitad del siglo XX, también lo fue). La condena más común por infanticidio es de tres años, seis meses y veintiún días. Pero si existe ensañamiento, como fue el caso de María Ferrer Sánchez (de 23 años, tenía una niña de cuatro años), que mató a un recién nacido en 1910, en La Almunia del Romeral, dándole un golpe contra la pared, la condena es de  cadena perpetua. Pero sobre todo matamos a mujeres. Los llamados “crímenes pasionales” se camuflan en la prensa de la época bajo el sucio traje de “falta de correspondencia de amores”. El refranero español revela imágenes tan terroríficas como “Mía o de la tumba fría”. En las fiestas de los pueblos se cantan coplas carcelarias:

Ojos cual la noche, negros/ Tiene una niña morena/ Si no han de ser para mí/ ¡que se los coma la tierra!

El famoso pintor Ignacio Zuloaga, que anduvo por Graus en 1917, produjo sus mejores cuadros al instalarse en un palacete donde habían asesinado, en 1892, a un hacendado y  a su sirvienta, conocido desde entonces como La Casa del Crimen. La inspiración puede llegar en los lugares más insospechados. Hay una cita, atribuida a Miguel de Unamuno, que asegura que “no existe la Historia, solo existen historias”. Historias de vida y muerte, historias de venganza, de envidia, de rencor: nuestras historias. Lo que fuimos y lo que somos.


Relato ganador en categoría juvenil:

Dejando huella.

A Ortensio todo Graus lo quiere. Toda una vida amando nuestro pueblo y sintiéndolo desde lo más profundo. Si has visitado nuestro pueblo puede ser que te lo hayas cruzado, pero nosotros disfrutamos de nuestro entrañable vecino día tras día. Ortensio es un personaje curioso pero por ello muy conocido y querido. De espíritu alegre y gran corazón es nuestro héroe. En la actualidad tiene ochenta y cuatro años y actúa como un niño, dejándose sorprender a diario por la magia que él consigue encontrar en cada rincón de nuestro pueblo.

Ortensio de siempre ha sido el recadero de Graus. Siempre hacía gestiones, llevaba comandas, hacía recados para los comerciantes. Incluso hoy en día sigue haciendo pequeños recados porque la gente le tiene aprecio y para ayudarle le sigue ofreciendo algún recado para que se gane una propinilla. Nunca cambió de faena porque le encantaba pasearse por Graus, charlando con unos y otros, yendo de aquí para allá, y sobre todo embebiéndose de la magia de nuestro pueblo. Respecto a nuestro pueblo, todo lo sabe de él, conoce la región en su mínimo detalle. Hubiera podido ganar más dinero con otra profesión, y es que es un hombre culto, pero teniendo poco le valió, siempre valoró más su felicidad interna. Así que nunca se planteó cambiar su profesión por un mejor sueldo. Con su peculiar naturaleza, de haberse cambiado de actividad, se le hubiera comido la tristeza, porque siempre se sintió feliz con su faena, siempre risueño.

Como he dicho antes si has venido a Graus quizás te has cruzado a Ortensio. Sí, a ese personaje peculiar que recorre nuestras calles caminando en zigzags, dando saltitos e incluso bailando. Lo de zigzags viene porque desde niño hacía zigzags entrando y saliendo de los soportales de nuestra Plaza Mayor, y de mayor siguió con esta costumbre. Y aún hoy camina siempre de esta manera. Y cuando se siente en éxtasis baila y da pequeños saltitos. Sólo verle se nota que es feliz, y lo expresa, ajeno a las miradas de los demás, y mientras camina lo observa todo. En Graus uno tiene mucho que admirar. Y Ortensio sobre todo no se cansa de observar y observar nuestra Plaza Mayor. Muchas veces le ves cabeza erguida mirando las fachadas, saboreando cada detalle. Además conoce la historia de cada edificio, a quién perteneció, anécdotas de cada lugar, y por supuesto a todos los comerciantes de la plaza, y todos le adoran por su peculiaridad. Si necesitas información de nuestro pueblo, él es una enciclopedia andante. Te podría hablar de cualquier detalle de nuestra arquitectura y paisaje. Te podría hablar de la fachada de Casa Heredia con sus pinturas alegóricas de las estaciones del año y de la bíblica Parábola del Hijo Pródigo, del escudo del Ayuntamiento, sobre las preciosas callejuelas aledañas,….

Y sea cuando sea, si lo quieres conocer, puedes preguntar por él, pues ya he comentado que todos los del pueblo le conocemos, y haga sol, llueva o nieve, Ortensio siempre está en la calle feliz. Se nutre de los saludos que recibe, y de la belleza de nuestra arquitectura. Y su felicidad también se nos pega a todos, siempre nos saca una sonrisa. Mira, que en Graus, somos gente alegre y cordial, pero Ortensio nos supera a todos. Tiene tanta o más alegría que un niño chico. Ya nos gustaría a muchos a su edad ser como él de felices. Él es en el fondo el que mejor sabe vivir porque rebosa felicidad, ama su alrededor y nos contagia. Más de uno hemos imitado su andar, no a modo de burla en ningún caso, y cuando lo hemos hecho nos hemos sentido libres. Esa es la libertad que él emana por cómo se siente.

Eso sí, extraños que no lo conocen, sí que lo pueden considerar como un viejo loco cuando se lo cruzan y observan cómo actúa, pero para nosotros que le conocemos, en el fondo pensamos que él es el más cuerdo de todos porque ha encontrado la felicidad en su entorno, en la belleza de Graus, y siente una conexión profunda a la que no todos podemos llegar. Ojalá todos pudiéramos alcanzar un estado de felicidad similar al que ha alcanzado Ortensio. Por lo menos, visita Graus, quizás, quién sabe, tú también la sientas.

Más info del concurso: http://espaciopirineos.com/2022/12/07/concurso-de-periodismo-literario-antonio-angulo-2023/